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Rosa Elena Charrua Gómez soñaba de joven con las matemáticas exactas de la ingeniería, pero el destino le tenía reservada una obra más profunda: construir los puent...
Rosa Elena Charrua Gómez soñaba de joven con las matemáticas exactas de la ingeniería, pero el destino le tenía reservada una obra más profunda: construir los puentes invisibles que conectan la mente de un niño con el universo de la palabra.
Cada mañana en el corregimiento de San Antonio de Prado, su salón de primero de primaria en la Institución Educativa Empresarial se llena de risas, colores, figuras y la timidez de quienes apenas descubren las letras. Allí habita su tesoro más grande. Para ella, ser maestra no es un oficio estático; es un acto diario de amor, paciencia y una curiosidad inquebrantable.
Rosa es madre de una joven que cursa octavo de bachillerato, docente vinculada en propiedad al Distrito de Medellín y, ahora, un orgullo para la educación de la ciudad. Gracias a la beca de Formación Avanzada de Sapiencia, es estudiante del Doctorado en Educación con línea en Historia de la Pedagogía y las Didácticas en la Universidad de Antioquia.
«Un estudio doctoral exige querer, pero también poder económicamente, porque son muy costosos. Muchos colegas desisten de seguir avanzando porque deben elegir entre la estabilidad de sus hogares o el conocimiento. Por eso, cuando se abrió la oportunidad con Sapiencia, no la dejé pasar. Hoy tengo el privilegio de adelantar mis estudios sin tener que pagar un solo peso, y mi agradecimiento con la Agencia es total», afirma conmovida.
Con los años, la «profe Rosa» aprendió que la paciencia es la mejor respuesta ante el desborde del día a día, pero descubrió que su mayor cualidad es, paradójicamente, la capacidad de dudar. No teme cuestionarse; al contrario, investiga porque sabe que en la educación no existen verdades escritas en piedra. Lo que hoy funciona con un grupo de niños, el próximo año puede no ser tan efectivo. Por eso, su tesis doctoral aborda una pregunta vital para las aulas de Medellín: ¿cuáles son esos saberes que el maestro de básica primaria usa realmente para desarrollar el lenguaje en los niños?
Su investigación nace de la práctica viva, del sutil pulso del aula de clase. Rosa ha detectado que, mientras las matrices del Estado y las pruebas estandarizadas exigen un conocimiento estrictamente disciplinar del español, en la realidad del territorio el maestro activa otras sensibilidades, otros saberes y herramientas didácticas para conectar con el contexto de sus estudiantes. Su meta es validar científicamente esa sabiduría cotidiana de los profesores para transformar, desde la base, la enseñanza del idioma en el país.
A través de la beca de Formación Avanzada, Sapiencia no solo busca aliviar la carga económica de los docentes oficiales del Distrito, sino cualificar el talento humano que lidera la transformación social desde la primera infancia. Rosa Elena es el vivo ejemplo de este propósito; ella entiende que el conocimiento que hoy adquiere en la Universidad de Antioquia no le pertenece a su hoja de vida, sino a los niños y niñas que pasan por su salón de clase.
A pesar de los retos actuales de la profesión, Rosa complementa sus rigurosas lecturas de doctorado con un llamado vehemente a sus colegas: construir comunidad académica y tejer redes de maestros. Para ella, quienes están al frente del tablero día a día son los únicos llamados a proponer las soluciones reales que Medellín necesita.
Mientras acomoda los materiales didácticos para la jornada de mañana y piensa en sus alumnos de primero, Rosa Elena sonríe al ver el mapa de su propia vida. Al final, sí terminó convertida en una ingeniera: una que diseña las bases del pensamiento y que, gracias al respaldo del Distrito, se asegura de que el talento de nuestra gente no tenga límite.