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Medellín también se transforma desde los lugares más alejados de la ciudad con programas de seguridad alimentaria que impactan cada año a más de 240 familias productoras de los cinco corregimientos. Esta es la historia de Nora Nelly Bedoya, quien con apoyo de la Alcaldía de Medellín transformó su monocultivo en un modelo sostenible, saludable y rentable para toda su familia.
Ver el amanecer desde su finca en la vereda El Llano de San Cristóbal es un ritual imperdible en la casa de doña Nora Nelly Bedoya. Es una mujer de campo, su familia ha vivido desde siempre en este corregimiento y de ellos heredó la tradición campesina de cultivar y vivir del agro.
El viento fresco que va y viene por estas montañas le ondea levemente el cabello mientras ella, con una sonrisa en su cara, nos cuenta que hoy tiene un cultivo diversificado, “con lechugas, repollo, brócoli, cebolla, cilantro y muchas otras cosas, que nos permiten no solo autoabastecernos como familia, sino alimentarnos de forma sana y comercializar de una forma tan organizada que incluso he logrado autonomía económica”. Hoy habla sin titubeos frente a la cámara y con todo el conocimiento de un proceso en el que ha participado desde hace varios años. Pero no siempre fue así. Antes, el panorama en su hogar era el de un campo tradicional supeditado a la incertidumbre: su esposo sembraba apenas dos o tres productos, no había una planeación económica y la alimentación del hogar no priorizaba la nutrición.

El acompañamiento institucional
Doña Nora es el rostro vivo de una revolución silenciosa pero de gran impacto, que ocurre todos los días en los corregimientos de nuestra ciudad gracias a los servicios y estrategias de Seguridad Alimentaria y Nutricional (ESAN) de la Secretaría de Inclusión Social y Familia, que llegan al territorio en alianza con Grupo Bios.
“Estas estrategias nos permiten acompañar a las familias campesinas no solo en la producción de alimentos, sino también en la transformación de sus hábitos de alimentación, sus dinámicas económicas y su calidad de vida. Creemos firmemente que cuando fortalecemos el campo, también fortalecemos la seguridad alimentaria de toda la ciudad”, expresó la secretaria de Inclusión Social y Familia, Luz María Ramírez.
Desde 2024, la Alcaldía de Medellín ha vinculado anualmente a un promedio de 241 productores agrícolas y sus familias en estrategias de formación y acompañamiento que favorecen el autoconsumo, la disponibilidad y el acceso de alimentos saludables que pueden producidos por ellos mismos.

Se diversificó la siembra
En este proceso, Nora y su familia han aprendido a diversificar la siembra, cambiaron su monocultivo de cebolla por un sistema de rotación y variedad agroecológica, dejaron atrás el uso desmedido de químicos y se dieron la oportunidad de cultivar con prácticas más limpias y amigables con el medio ambiente. Y este cambio transformó radicalmente sus hábitos de consumo. Aprendieron a comer mejor, a balancear sus platos con lo que ellos mismos cosechaban y a entender la alimentación como algo que va más allá de buscar la saciedad, y que es la base del bienestar integral.
Además, el impacto positivo trasciende del plato. Como asegura doña Nora, “lo más bonito de este proceso es que ha sido muy integral, aquí no se trata solo de producir para vender o para comer, aquí aprendimos a hacer planeación de siembras, respetando incluso que yo tengo unos cultivos y mi esposo otro y no competimos entre nosotros con los mismos productos, porque también aprendimos que trabajamos en equipo, pero que yo puedo y merezco tener mi autonomía económica”.
Tras el proceso de acompañamiento, los resultados económicos de muchas familias han pasado de la supervivencia a la consolidación de metas tangibles. Con orgullo y la voz entrecortada, doña Nora relata cómo, gracias a los excedentes y la estabilidad que les brindó el programa, lograron cumplir un sueño que parecía inalcanzable: comprar un vehículo propio para transportar sus cosechas directamente de la vereda a los puntos de venta, eliminando intermediarios y dignificando su trabajo.

Las cifras de la estrategia
Además, la estrategia de seguridad alimentaria y nutricional del Distrito va más allá y también incluye la activación de diversos canales internos de comercialización, con un crecimiento exponencial en los últimos años. Mientras que en el año 2024 se comercializaron 9126 kilogramos de alimentos provenientes de los productores beneficiados, para el 2025 la cifra ascendió a más de 15 653 kg, y en los primeros cuatro meses del 2026 ya se han vendido 8349 kg. Todas estas ventas se traducen en ingresos de más de 158 millones de pesos para las familias campesinas de Medellín.
Quizás el logro más valioso para doña Nora y para todos los beneficiarios de estas estrategias no se escribe en pesos, sino en los apellidos de sus familias, cuyas generaciones más jóvenes trabajarán la tierra mañana. En la casa de Nora, el conocimiento se queda. Su hijo mayor ha asumido con pasión el relevo generacional de la finca, mientras que sus otros dos hijos apoyan las dinámicas productivas y logísticas, aportando a las labores que conectan el campo y la ciudad.

“Tenemos un gran reto como ciudad, y los corregimientos y sus productores son actores clave para lograr esa nueva ruralidad que soñamos, una donde la articulación urbano-rural aporte a la calidad de vida de nuestros campesinos y ellos, a su vez, a la seguridad y soberanía alimentaria de todo el distrito”, afirmó el Gerente de Corregimientos, Andrés Felipe López Vergara.