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Hay hombres que cargan la ciudad sobre los hombros sin hacer ruido. Otros, como Bayron Amado, la recorren empujando una carreta y cantando tangos, como si cada cuadra fue...
Hay hombres que cargan la ciudad sobre los hombros sin hacer ruido. Otros, como Bayron Amado, la recorren empujando una carreta y cantando tangos, como si cada cuadra fuera un escenario y cada bolsa de basura una historia por rescatar.
A sus 72 años, Bayron se nombra con una mezcla de orgullo y picardía “yo ya soy profesional, profesional teóricamente y en oficio también”. Lo dice sin titubeos, con esa certeza que dan los años, más de 35, caminando Medellín de arriba a abajo, aprendiendo a leer en los residuos lo que otros prefieren no ver.
Nació en Medellín, vive en Campo Valdés y ha hecho del reciclaje no solo un sustento, sino una forma de entender el mundo “a mí siempre me ha gustado cuidar el jardín, todo eso… y eso es parte del cuidado del medio ambiente. Entonces dije: voy a reciclar, que también es cuidar”. Así empezó, no por necesidad solamente, sino por una intuición profunda de respeto por lo que queda.
Con el tiempo, ese oficio se volvió escuela, escenario y trinchera. Bayron ha sido líder, ha desfilado entre silleteros, ha corrido carreras de carros de rodillos y, en medio de todo, encontró una manera inesperada de hacerse escuchar: la música “ahí fue donde ya me puse a inventar las trovas y a inventar el tango… y ya lo he cantado varias veces y hasta ahora les ha gustado. Para mí es como el himno al reciclador”.
Su voz, curtida como sus manos, no canta desde la queja sino desde la dignidad. En sus versos hay humor, fe y una resistencia tranquila “recogiendo la chatarra no me quejo y mi amaño, recorriendo las calles me volví un reciclador”.
Bayron canta lo que vive. Habla de los “solazos” en la espalda, de las cuadras largas, de esperar que saquen la basura como quien espera una oportunidad. Pero también transforma la crudeza en poesía cotidiana: un pedazo de pan duro se vuelve desayuno “suculento”, una botella encontrada en un hueco es alivio para el camino. Y en medio de todo, una certeza que repite como quien defiende su lugar en el mundo: “caminando voy de frente, conservando el medio ambiente… esto es cosa que la gente no ha podido comprender”.
Tiene cuatro hijos: Bayron Giovanni, Tatiana Elizabeth, Jennifer y Jefer. Y, aunque la vida no ha sido lineal, el reciclaje le dio lo suficiente para sacarlos adelante “sí,gracias a Dios”, dice, sin adornos. Como quien sabe que sobrevivir también es una forma de victoria.
En plena Feria de las Flores, lo invitaron a representar a los recicladores en un recorrido que iba desde Industriales hasta La Alpujarra. Bayron no caminó: bailó “yo paraba y bailaba, seguía y bailaba… y toda la gente me aplaudía”. La imagen es poderosa: un hombre mayor, empujando su carreta, bailando en medio del desfile, arrancándole aplausos a una ciudad que muchas veces lo ignora.
Su tango, más que una canción, es una declaración. Nació de escuchar, de recoger frases en la calle como se recoge cartón y metal. Pero sobre todo, nació de una necesidad urgente: cambiar la mirada “la idea era cambiar la imagen… que no somos desechables”.
Bayron la repite como quien limpia una herida antigua. Porque en su oficio no solo se reciclan materiales: también se lucha contra el desprecio, contra la invisibilidad, contra esa costumbre de mirar hacia otro lado. Él, en cambio, mira de frente. Y canta “le diría a toda la gente que todos tenemos swing… y el orgullo que llevamos es ser limpio, excelente”.
En una ciudad que se construye entre contrastes, Bayron Amado empuja su carreta como si fuera un bandoneón. La abre, la cierra, la llena de historias. Y en cada esquina deja algo más que cartón y vidrio rescatado: deja una lección sencilla, casi obstinada, de dignidad.
Porque mientras muchos desechan, él recoge. Mientras otros callan, él canta. Y en ese tango, hecho de calle, de fe y de resistencia, Medellín suena distinto. Un poco más humana. Un poco más consciente.
Este relato también se sostiene en una ciudad que empieza a reconocer ese oficio: hoy Medellín cuenta con 34 organizaciones de recicladores, ha recuperado más de 86 mil toneladas de residuos en 2025 y viene fortaleciendo la formalización, la dotación y los procesos de sensibilización ciudadana.
Detrás de cada cifra hay historias como la de Bayron, hombres y mujeres que, con su trabajo diario, le quitan presión al relleno sanitario y le devuelven valor a lo que otros descartan; una tarea silenciosa que, poco a poco, deja de ser invisible para convertirse en parte del ADN de los paisas y en orgullo colectivo.